La tradición de quemar montes

la tradición de quemar montesQuemar montes

Llegado el mes de junio toca subir el ganado a los pastos de los puertos. El invierno y el mal tiempo en primavera obliga a los ganaderos a dejar el ganado en zonas bajas y ahora que las nieves van desapareciendo por la subida de las temperaturas, es el momento adecuado para la conducción de las vacadas y las yeguadas a los frescos pastos de los puertos donde permanecerá todo el verano.

La disminución de las cabañas de ganado propicia que las praderas vayan siendo invadidas por rastrojos y brezos que dificultan el paso de los animales así como la proliferación y crecimiento de los pastos.

Cuando la tradición se convierte en guerra

Quemar montes para paliar el crecimiento de brezos y rastrojos en praderas, es una técnica alternativa al desbroce y el fuego se convierte en un instrumento para limpiar las zonas de pastos. Las zonas altas suelen ser pastos comunes que dependen de las Administraciones y que están abandonados a su suerte obligando a los ganaderos a tomar medidas para que no se conviertan en inaccesibles para el ganado.

Uno de los métodos más utilizados para quemar montes es el llamado “cerillazo” o “mecherazo” creando múltiples focos con suma facilidad, aunque el fuego y el humo creados pueden delatar al pirómano. Hay métodos más sofisticados y “ecológicos “como el uso de las moñigas de caballo o de vaca que se vuelve combustible cuando se seca si se tapa y se prende, dejando tiempo de escapar al causante antes de ser delatado por el humo.

El fuego como aliado para la explotación de los pastos

El fuego puede ser utilizado como un elemento útil en la explotación de los pastos, pero ésta ha de ser siempre controlada: aplicada por profesionales, áreas delimitadas y confinadas, época adecuada…de esta manera, se controla la proliferación de especies no deseable y se acelera el ciclo de los nutrientes incorporando nutrientes minerales de la materia seca al suelo.

El fuego como enemigo

Quemar montes para conseguir una regeneración del suelo a base de fuego es una tradición que se remonta a tiempos remotos, aunque se ha intensificado debido a las consecuencias nefastas en cuanto al control de los matorrales debido a la disminución del pastoreo.

Cuando el fuego deja de ser nuestro aliado pasa a ser denominado incendio. Esto es, cuando ya no es controlado. Motivos económicos, enfrentamientos personales, tradición para regenerar los pastos sumados a la falta de prevención, como selvicultura preventiva, vigilancia y sensibilización –tres pilares básicos de la prevención-, son los motivos que nos llevan una y otra vez a lamentarnos cuando cientos de hectáreas se queman arrasando flora y fauna.

Quemar montes

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